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DOCTOR LUIS ZEA URIBE

Pionero del Espiritismo Colombiano

 

Una de las mas prestigiosas figuras que en este campo consagro su tiempo en las tareas de la investigación espirita y que no obstante la época que vivió, no tuvo temor para definirse como estudioso de esta disciplina, fue la insigne personalidad el Doctor Luis Zea Uribe, médico distinguido quien además ocupó puestos representativos en la vida nacional, ya que, su gran interés y amor por las causas justas lo llevaron muchas veces a levantar su voz en la Cámara de Representantes, luchando con entereza e hidalguía por aquellos derechos indiscutibles del ciudadano, es su posición de liberal doctrinario desde la cual sirvió a su patria.

 

Y si acaso pudiéramos fijar una fecha de nacimiento al Espiritismo en nuestro territorio como un hito científico, tendríamos que hacerlo desde la etapa en la cual este ilustre varón se entrega de lleno al proceso investigativo experimental, utilizando para ello la agudeza y el criterio que su propia formación de médico le confería.

 

A fin de rendir justo tributo de admiración a quien no vaciló en proclamar la realidad de los fenómenos espiritas, una vez en ellos se adentro y los constató rigurosamente, a pesar de las persecuciones sufridas por esto, tanto en su vida privada y profesional como resultado del medio fanático religioso de nuestro país  en los inicios del presente siglo, hemos escogido algunos apuntes sobre su vida, gracias a la generosidad de su hija Doña Elvira Zea de Samper, quien nos lo suministró hace algunos años, ya que fue devota compañera suya en todo momento y coparticipe con él de estas inquietudes. El relato que ella nos entregó en gratos momentos de amistad, no figura en ninguna publicación y fue así como de labios de aquella dama selecta los escuchamos con profunda emoción. Hoy los recogemos para Las Memorias del Espiritismo y como aporte a nuestro movimiento actual.

 

El 29 de agosto de 1872, en la población de Titiribí, departamento de Antioquia, nace en el hogar de Don Aureliano Zea Arango y su esposa doña Paulina Uribe Otero, un niño que llevaría el nombre de Luis.

Realiza sus primeros estudios en 1887 en su población natal, cursando después su bachillerato en el Colegio del Rosario en Bogotá. Una vez finalizado éste, ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional en el año de 1892, donde concluye su carrera para graduarse con el título de Doctor en Cirugía, el 16 de febrero de 1898 con una tesis que fue laureada.

 

Ejerció su profesión con verdadero sentido de apostolado y ayudó en todo cuanto fuera necesario a los necesitados que siempre fueron su preocupación. Contrajo matrimonio muy joven con la Señorita Clorinda Hernández Ospina, el 18 de febrero de 1898.

 

Dos días después de su graduación, emprendió la pareja un viaje por Europa, donde el Doctor Luis Zea Uribe, realizó estudios en varios centros científicos y es así como en el año de 1900, Francia le otorga el título de: “Oficial de Instrucción de la Academia Nacional de Medicina de París”. Al cabo de tres años de ausencia, retorna a su patria y múltiples son las actividades en las cuales se destaca en la vida nacional.

 

Es de interés resaltar un hecho curioso acaecido al trasladarse a Manizales en Enero de 1906, ciudad en la cual se radicó por tres años con los suyos.

 

Se encontraba por aquel entonces realizando estudios sobre la Constelación de la Cruz del Sur, en un concurso abierto por la Sociedad Astronómica de Francia y para tal efecto había encargado un telescopio de Alemania. Con las dificultades de aquellos tiempos, este le fue remitido desde Bogotá a esa ciudad y al instalarlo en le balcón de su casa, la gente, asociándolo a sus investigaciones espiritas, se aglomero lanzando piedras y gritando que aquel instrumentos era un objeto destinado para observar al  diablo, siendo necesaria la intervención de los que conocían al Doctor Luis Zea Uribe y lo estimaban, para que el episodio no llegase a finales deplorables. Aún no se había dedicado con asiduidad al estudio de los fenómenos espiritas y es allí precisamente, en Manizales, donde su dilecto amigo Simón López, que era espiritista decidido, lo inicia en estas cuestiones, a las cuales con profunda seriedad y espíritu analítico dedicara el resto de sus días.

 

Se conforma así un Grupo Familiar presidido por el doctor Zea Uribe, quien en un principio fue escéptico y nada aceptaba sin comprobación, pero tuvo la fortuna de encontrar en la mediumnidad sonambúlica de su esposa, Clorinda bajo el seudónimo de “Celina”, el instrumento eficiente para profundizar en los más variados fenómenos y de recibir por su intermedio, pruebas concluyentes que lo llevaron a sus convicciones, además del amplio concurso de sus Guías y Mentores , en especial el espíritu del español Ramón de Infiesta, quienes silenciosamente apoyaron la obra emprendida. De las experiencias realizadas en estas reuniones, su mente prodigiosa y capaz, va empapándose y así  poco a poco la verdad se abre paso ante él. Hombre recto y de equilibrio completo, no se arredra ante la situación que le crean sus nuevas indagaciones ni la censura del pueblo que trata de aislarlo, pues ya su filiación espiritista pasa a ser del dominio popular.

 

En 1921 viaja a Europa en compañía de su hija Elvira, con el doble propósito de estudiar y publicar su libro ya terminado “Mirando al Misterio”, compendio de sus experiencias y fruto de su inteligencia maravillosa. Recordemos de paso que había obtenido el premio a: Concurso abierto por la Sociedad Astronómica de Francia, por su trabajo sobre la Constelación de la Cruz del Sur y que por tanto, en 1909 ésta lo había acreditado como miembro de aquella sociedad, otorgándole Diploma de Honor. Conoce personalmente a Camilo Flammarion, de quien todos los espiritistas  estamos suficientemente informados  y como aquél se encontrara disfrutando de cortas vacaciones en la Costa Azul, al serle notificado el arribo del ilustre visitante, se traslada a París para entrevistarle y saludarle. Concurre además por invitación del Doctor Gustavo Geley a las experiencias que en el Instituto Metafísico de París se efectúan alrededor de los fenómenos mediúmnicos y en solemne sesión le es entregado el diploma como miembro del mismo. El acerco de conocimientos y experiencias que recoge durante aquellas memorables reuniones aumentarán el caudal que ya poseía.

 

Camilo Flammarion, obsequia en aquella ocasión a doña Elvira su libro “Estela” con una dedicatoria que dice: “del astrónomo a la estrella”, ejemplar que ella conserva entre sus más preciados recuerdos.

 

Igualmente guardaba un presente del Doctor Gustavo Geley: era un Buda perteneciente a la colección del Instituto Metapsíquico, sobre el cual una extraña versión de que no debían obsequiarse Budas que hubiesen sido consagrados o pertenecido a Templos, pues quien esto hiciera, perdería su vida al correr de los noventa días. Coincidencialmente o no, a los tres meses de haber regalado éste Buda, muere trágicamente en accidente de aviación el Doctor Gustavo Geley. La noticia es comunicada al Doctor Luis Zea Uribe por Camilo Flammarion y desde entonces ese enigmático Buda acompañó a su dueña hasta su deceso, a fin de no repetir la historia.

 

Su libro “Mirando al Misterio”, se traduce a varios idiomas y es publicado en 1922. De aquella edición no qua ningún ejemplar y es rarísimo en la actualidad poder encontrarlo.

 

Una de sus más señaladas intervenciones públicas, fue aquella en la cual interpeló al Señor Ministro de Gobierno con motivo de las medidas tomadas para impedir la reunión del Congreso Protestante en la ciudad de Medellín por el año de 1925.  En aquella memorable ocasión, su verbo sancionó la actitud intolerante desde la Cámara de Representantes a la cual pertenecía, con la elocuencia tribunicia que lo caracterizaba. Fue excomulgado en Bogotá por el Arzobispo Bernardo Herrera Restrepo debido a sus ideas liberales avanzadas y por dedicarse entonces a los estudios de la astronomía y el Espiritismo.

 

Un hecho trascendente tendrá lugar. La madre del obispo de Bogotá enferma gravemente y siendo desahuciada por los médicos de la localidad, aquellos que le sugieren como última esperanza, que tome los servicios del Doctor Luis Zea Uribe. Debido a la inminente gravedad de la enferma, acude el obispo ante el prestigioso galeno – su excomulgado – quien generosamente se compromete a atenderla, fijando algunas condiciones: se le dejará seleccionar el personal que intervenga en la operación y los alimentos de la paciente serán elaborados en casa suya.

 

De esta manera quería evitar cualquier riesgo de atentado contra la enferma, que pudiera comprometerle. La intervención quirúrgica resulta exitosa y la paciente se recobra, por lo cual el obispo muy agradecido y conmovido ante la grandeza del alma de este barón, le ofrece además del pago de sus honorarios, también levantar aquella excomunión, a lo cual el Doctor Zea responde: “Nunca he pensado cobrar un centavo a su Señoría y en cuanto a la excomunión, por favor, no me la quite, que es lo único que tengo”.

 

Muchas fueron las cualidades que adornaron a este ilustre compatriota. Fue un hombre íntegro, esposo ejemplar, quien con su compañera dieron ejemplo de un matrimonio estrechamente unido por el amor. De aquella unión seis hijos alegraron el hogar: Elvira, Alicia, Germán, Amalia, Álvaro y Teresa. Las horas amargas no pudieron hacer mella en aquella amónica familia, ni las intrigas, ni las incomprensiones, pues el cielo los reunión para una gran tarea, ante la cual las fuerzas del mal encontraron cerco invencible. Supo este pionero nuestro, comprender y respetar las creencias de todos y proclamar la libertad religiosa: su vasta cultura y sus muchos conocimientos lo sitúan entre los varones destacados de Colombia, sin embargo, la sencillez y simpatía fueron sus rasgos naturales.

 

Muchas fueron también las formas como puso sus cualidades al servicio de sus contemporáneos. Ocupó la Cátedra de Histología en la Facultad de Medicina de Bogotá en 1910. Fue también profesor de Bacteriología, llenó una curul en la Cámara de Representantes y en la Asamblea de Cundinamarca ocupó un escaño en el año de 1916. Fue nombrado director del partido liberal en 1932, habiendo fundado con algunos copartidarios en 1927 la Casa Liberal. El Gobierno de Colombia lo honró con cargos meritorios tales como Director Nacional de Higiene y para el Congreso Interplanetario que el gobierno de los Estados Unidos convocara en 1925, el nombre del Doctor Luis Zea Uribe se escogió entre otros ilustres compatriotas.

 

El cauce generoso de esta vida se vio amenazada por primera vez en 1924, por un súbito ataque de angina. Sabía el Doctor Luis Zea Uribe por su propio diagnóstico, que viviendo dentro de un régimen y cuidados especiales, podría extender el plazo de la misma. Su mayor deseo era estudiar el fenómeno de la muerte en sí mismo y pedía que la lucidez le acompañara al llegar este trance.

 

Nunca se retracto de sus ideas y cuando gravemente enfermo fuera a visitarlo Monseñor Perdomo y Emilio de Brigard, para administrarle el sacramento de la confesión llamados por un grupo de piadosas damas bogotanas , con aquella bondad y comprensión que lo caracterizó siempre, recibió a Monseñor Perdomo y dialogó con él largamente. Cuando éste abandonó la habitación del enfermo se dirigió en busca de Monseñor Emilio de Brigard, quien esperaba en la sala, acompañado de los familiares del Doctor Zea Uribe le dijo: “El Doctor Luis Zea Uribe no se ha confesado ni quiere confesarse, pero si yo contara en mi diócesis con diez sacerdotes que poseyesen escrituras y sobre diversas religiones, mi tarea seria mucho más fácil”.

 

El 24 de abril de 1934, a los 10 años exactamente de aquel primer ataque de angina, la muerte tocó sorpresivamente en su corazón. Eran las once de la noche: se da cabal cuenta del peligro que sobre sí se cierne y llama a los suyos diciéndoles: “corran; es la muerte…”. Se le aplican las inyecciones y medicamentos que como indicaciones preventivas había advertido a los suyos, pero todo resulta inútil. La tarea de esta alma grande había finalizado ante la consternación y dolor de sus familiares. Los ojos comprensivos del padre y esposo, del ciudadano ejemplar, se cierran para siempre y su espíritu se desprende de aquella vestidura para entrar en las dimensiones de Luz que le correspondían.

 

Sobre su escritorio y de su puño y letra había escrito aquella noche como era su costumbre, una frase que sintetizaba todo cuanto pudiéramos decir. Fue la expresión sincera de su alma, que no temió reconocer la inmortalidad como un hecho demostrable y que lo rubricaba así:

 

“іHoy más que nunca estoy convencido de la supervivencia!”

Tomado del libro “Historia del Espiritismo en Colombia”

Sra Colombia Montoya de Martinez